Las monedas rodaban alegres apagando un tanto su discurso, aunque las divertía y lo miraban con curiosidad y los billetes estiraban sus arrugas, como si temieran que al estar doblados tanto tiempo perderían la mitad de su valor.
Él falso billete seguía con su triunfal discurso viendo a los demás meterse en la cartera, ansiosos por conocer su nuevo destino. Él se burló y permaneció orgulloso colgado en la pared.
Pero cuando la luz se apagó una lágrima de papel se escurrió a lo largo del billete añorando los días en que iba de mano en mano en busca de un nuevo destino